Este era el extraño aspecto que presentaba la biblioteca esta mañana: silenciosa y vacía. Pero a ella también le toca tomarse un descanso después de un año a pleno rendimiento. En septiembre volverá a abrir sus puertas para recibir a los alumnos nuevos y también a los viejos conocidos. Hasta entonces, ¡Feliz verano a todos!
Habilitamos este blog para colgar todas las actividades realizadas con el alumnado a través del programa ComunicA
viernes, 28 de junio de 2013
viernes, 14 de junio de 2013
MI REFLEXIÓN (por María José Antequera)
Os dejo aquí la reflexión que ha realizado una compañera vuestra sobre la visita que hicimos al hospital Torrecárdenas. Muchas gracias, María José, por compartirla con todos nosotros.
LA VIDA
Ver a esos niños y recordar
que yo también estuve como ellos, pero con un pie quemado. Sé que es muy duro
estar ahí día tras día, semana tras semana, es muy duro; te aburres, pierdes la
fe, pero sabes que tu familia está ahí y tienes que estar bien, seguir
adelante, no decepcionarlos; que ellos vean que eres fuerte y que nunca te vas
a rendir. Por muchas cosas malas que sucedan, tu familia, tus amigos, te apoyan
y te animan a que sigas adelante.
No poder salir de la habitación
porque no te puedes arriesgar a que te pongas peor de lo que estás. Yo hablo de
las tres niñas que no podían salir de su habitación porque estaban malas y si
salían tenía que ser con mascarilla. Una de esas niñas se llama Bea, es muy
tímida, no quería bailar con nosotras, pero la madre la ayudaba a bailar; a la
niña le gustó mucho, en cambio las otras
no las conocí.
Cuando estábamos en la escuela
bailando y veía la cara de los niños me recordaba a cuando yo también estaba en
la escuela del hospital. Había un niño que se subió encima de la mesa y se puso
a bailar. ¡Era más gracioso y más bonico! Cuando terminamos de actuar las
chicas y de que los chicos bailaran “Susanita”, Paco y Jesús dijeron unas
palabras maravillosas, les dio ánimo a los niños y nos hizo llorar a casi
todos.
Conocimos a Nerea, una niña
de doce años que lo estuvo pasando mal, y fuimos nosotros a alegrarle el día.
Elisa cantó unas canciones preciosas.
Esto me ha enseñado a que
por mucho que nos peleemos por tonterías hay gente que está “jodidamente” peor,
que está encerrada en una habitación día a día, que todos los días se tienen
que hacer pruebas para ver cómo están… Esas peleas que tenemos por “gilipolleces”
no merecen la pena, no solucionamos nada, lo único que hacemos es pelear para
quedar bien con todos… Pero la vida está llena de sorpresas y no sabes lo que
te puede suceder -no digo que te vaya a suceder, ojalá no pasara nada-, pero
esas peleas se pueden hacer cada vez más grandes hasta el día que suceda algo.
Sienta bien hacer estas
cosas para que los niños se olviden de que están enfermos; una se siente muy
bien, quisiera repetir esta experiencia. Gracias al jefe de estudios, Javier,
que nos ha concedido la posibilidad de realizar esta experiencia tan
maravillosa y a Marili, por decirnos lo bien que lo hemos hecho y lo orgullosa
que está de nosotros. Formamos una familia y quiero que siga así.
jueves, 6 de junio de 2013
EL AJEDREZ SE CONSOLIDA
domingo, 26 de mayo de 2013
VISITA A TORRECÁRDENAS
Nuestro querido alumnado de cuarto curso de diversificación visitó el pasado viernes día 24 la planta de oncología infantil del hospital Torrecárdenas llenándola durante un rato de canciones y alegría. Fue una mañana llena de emociones para todos. Estamos seguros de que tanto los niños como sus papás tardarán mucho tiempo en olvidaros. Muchas gracias, chicos, por vuestra generosidad y buena disposición. ¡Sois todos sin excepción unos artistas de verdad!
De izquierda a derecha: Antonio, Jesús, Paco, Ionel, Dori, Elisa, Francisco, Tina, Ana, María José, Danyela, Iris, Neiva y Yassine
Un momento de la actuación de las chicas
miércoles, 22 de mayo de 2013
RAFAEL ALBERTI
Os dejo este bellísimo poema de Rafael Alberti (1902-1999), uno de los grandísimos poetas de la generación del 27.
Vino el que yo quería,
el que yo llamaba.
No aquel que barre cielos sin defensas,
luceros sin cabañas,
lunas sin patria,
nieves.
Nieves de esas caídas de una mano,
un nombre,
un sueño,
una frente.
No aquel que a sus cabellos
ató la muerte.
El que yo quería.
Sin arañar los aires,
sin herir hojas ni mover cristales.
Aquel que a sus cabellos
ató el silencio.
Para sin lastimarme,
cavar una ribera de luz dulce en mi pecho
y hacerme el alma navegable.
viernes, 17 de mayo de 2013
LA CASA DE ASTERIÓN
Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro: Biblioteca, III,I |
Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo:Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
domingo, 5 de mayo de 2013
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